domingo, 15 de mayo de 2016

Reseña: El Ladrón de las Sombras de Alexey Pehov


Es innegable que El Señor de los Anillos marcó fuertemente no solo la fantasía de la época sino también la actual, teniendo desde ya hace mucho obras que de una forma u otra intentan imitar el estilo de Tolkien, creando una sucesión de obras faltas de originalidad que hasta hace algún tiempo llevaban abundando en la fantasía, ocasionando un estancamiento en el género.

Desgraciadamente El Ladrón de las Sombras es uno de esos libros que siguen la estela de la fantasía tolkiniana, cogiendo además elementos de otros libros como podrían ser además la trilogía del Vatídico de Robin Hobb, haciendo que a pesar de los puntos fuertes de la obra esta no pase de mediocre en el mejor de los casos. 


Ficha
Titulo: El Ladrón de las Sombras
Autores: Alexey Pehov
Editorial: Minotauro
Fecha de Lanzamiento: 2011
Idioma: Castellano
Nº de páginas: 400 págs.
Precio: 8,95

El Ladrón de las Sombras nos sitúa en Siala, un mundo de fantasía no demasiado original, donde el sin nombre empieza a despertar y sus ejércitos orcos a agitarse.

Para evitar el resurgimiento del Sin Nombre y su magia chamánica, la orden de los hechiceros deben recargar el cuerno del arco iris, un  antiguo artefacto ogro.

Pero debido a un incidente mágico que creó el Territorio Prohibido hace 300 años, el cuerno fue ocultado en los Palacios de Hueso, antiguas catacumbas donde ogros, orcos y elfos ha depositado a sus caídos durante milenios, lleno de trampas y peligros para disuadir a los saqueadores.

Por lo tanto para evitar la guerra y salvar a su pueblo el rey de Avendoom hace un contrato vinculante con Harold el Sombra, maestro de ladrones, este deberá recuperar el cuerno de las catacumbas junto a una comitiva de elfos y corazones salvajes, los más aguerridos guerreros que pueblan Siala.

Pero antes de partir Harold deberá adentrarse en el Territorio Prohibido y buscar documentación para evitar que su misión acabe convirtiéndose en un suicidio, además deberá lidiar con dorissanos que creen que tiene su reliquia, un demonio que no quiere ser desterrado a la oscuridad como los demás y con el gremio de ladrones que hartos de que Harold actuara por su cuenta, deciden que o pertenece al gremio o al los muertos.

Los personajes tampoco destacan por su originalidad o por su complejidad, pues aparte de Harold y
salvo un par de excepciones los personajes son planos, muy típicos de las novelas de fantasía que llegaron siguiendo la estela de Tolkien, y también bastante aburridos.

Tenemos el rey duro que se desvive por su pueblo, tenemos a la orden de hechiceros con su archimago gruñón que rechaza los métodos del ladrón, tenemos la sabia princesa elfa, el villano que quiere destruir el mundo, el país en este caso, los dedicados pero juerguistas guerreros, incluso el bufón que sabe de profecías. Cualquiera al que le gusten las novelas de fantasía épica le sonarán, si no todos, al menos algunos de estos personajes tan típicos.

Por otro lado tenemos a Harold, un ladrón que debido a las circunstancias se ve atrapado en la corriente de los acontecimientos y que no se siente un héroe en absoluto, tampoco posee gran evolución ni es especialmente memorable pero al menos puede ser un personaje entretenido y su casi absoluto desconocimiento de casi todo, junto con su tendencia a hablar consigo mismo de lo que sabe, lo hacen una excusa perfecta para informar al lector y que este se proyecte en él.

Además tenemos a Valder, que a pesar de aparecer en apenas unos capítulos, es otro de los personajes dignos de mención del libro. Es el espíritu de un archimago que quedó vagando hace 300 años y ahora comparte mente con Harold, ayudándole en más de una ocasión, aunque hace, a todas luces el papel del sabio maestro, sus conversaciones junto a su personalidad más tímida y retraída de los que estamos acostumbrados para este tipo de personajes, hace sus conversaciones con Harold muy disfrutables.

Los villanos son incluso más planos que los protagonistas, teniendo al Sin Nombre, que básicamente quiere conquistar Avendoom como venganza por matarle, a los demonios que solo se guían por su estomago o su ansia de poder, o a los ladrones que solo quieren dinero, el único que se podría salvar sería el misterioso Amo, aunque desafortunadamente en el libro no se nos presenta lo suficiente del personaje, ya que en todo momento aparece rodeado en un halo de misterio y desinformación que engancharán al lector.

La trama es típica, cualquiera que haya leído un par de libros de fantasía o incluso jugado a algún RPG le sonará, incluso Harold tiene una especie de misión secundaria para encontrar documentos en el Territorio Prohibido. Quizás la parte más interesante sea como el autor nos va mostrando poco a poco como es la mano del Amo, y no la del Sin Nombre, la que mueve los hilos de la historia, apartándose ligeramente del camino de la fantasía tolkiniana para mostrarnos no un villano principal sino otro mayor que se oculta en las sombras, aunque, como he dicho antes esto tiene cierta semejanza a muchos videojuegos.

La ambientación, aunque no es excesivamente original, sí que tiene ciertos toques sutiles que la separa de los cientos de clones del señor de los anillos que rondan por las librerías, como podrían ser los elfos que no poseen esa mágica belleza por la que todos los conocemos, sino que son parientes de los orcos, además tenemos dos sistemas de magia distintos, que si bien ninguno de los dos aporta demasiado, sí que le dan toques diferenciadores a la obra.

El ritmo del libro es sin duda una de las grandes dificultades a la hora de leerlo, ya que el autor se empeña en describirnos y contarnos detalladamente la historia de cada lugar por el que los protagonistas pasan, sufriendo el lector una oleada tras otra de información que si bien aporta algo a la trama, a la larga resulta no solo agobiante sino molesto.

Aparte de eso el libro no es fluido, sino que parece ir a trompicones interrumpiendo la acción de un momento a otro, dificultándole al lector el sumergirse en la lectura, cosa aun más acentuada por la pésima edición de Minotauro, pues no solo se pueden encontrar faltas de ortografía, sino frases mal traducidas, signos de puntuación mal colocados...

En conclusión, El Ladrón de las Sombras en un libro pasable, una de esas obras que intentó emular a Tolkien añadiéndole algunos elementos propios y que desgraciadamente no funciona, es típico y predecible, con unos personajes que si bien no son malos sí que son muy planos y estereotipados, y una ambientación que a pesar de los esfuerzos no consigue diferenciarse salvo en un par de detalles.

Es una obra que si bien cuenta una historia más o menos entretenida no consigue transmitir prácticamente nada, quedando un libro que es fácilmente olvidable y en el que no merece demasiado gastar nuestro tiempo.

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